"...Lo pidió el pueblo, y asomó el naranja que indultó a "Palmero". Dos orejas y rabo simbólicos, en las llanuras de Cella, donde allá por el siglo XII y en plena Reconquista, la desobediencia de los guerreros del rey Alfonso II, forjaron historia y leyenda siguiendo a un toro bravo al que acompañaba una estrella desde el firmamento. Señal que, según ellos, pues lo habían visto en sueños premonitorios, marcaba el sitio donde escribir la historia: Teruel. De grana y oro tu cielo, para siempre. Lugar del toro, y de la lágrima que no cesa."
Kakel, 20 de agosto de 2016.